dilluns, 31 de desembre de 2012

ACESOP en el 5è aniversari de ràdio Pakcelona

Lliurament d'un premi a ACESOP com reconeixement de la feia realitzada vers la integració de les dones pakistaneses.


dilluns, 17 de desembre de 2012

Mensaje Día Internacional Migrante. ONU



Mensaje del Secretario General para 2012

Constantemente en todo el mundo hay personas que abandonan sus países en busca de una vida más segura o mejor. A nivel mundial, hay más de 214 millones de personas en movimiento. Muchas de ellas huyen de condiciones de vida difíciles pero terminan enfrentándose a problemas aún mayores, como las violaciones de los derechos humanos, la pobreza y la discriminación. No obstante, estos migrantes albergan más que miedo e incertidumbre; poseen también esperanzas, valentía y la determinación de lograr una vida mejor. Con el apoyo adecuado, pueden contribuir al progreso de la sociedad.

La migración es una cuestión de alcance mundial que acapara cada vez más atención en todas partes y con razón. El año que viene, la Asamblea General de las Naciones Unidas celebrará su segundo Diálogo de alto nivel sobre la migración internacional y el desarrollo, que ofrecerá a los Estados Miembros y a sus asociados la oportunidad de debatir sobre medidas prácticas para facilitar la movilidad laboral, fomentar el desarrollo sostenible y proteger los derechos de los migrantes, en especial de las mujeres y los niños.

Prestar atención a los derechos de los migrantes es particularmente importante en este momento de graves dificultades económicas y financieras que atraviesa el mundo. Con las restricciones presupuestarias, observamos la aplicación de medidas de austeridad que discriminan a los trabajadores migrantes, una retórica xenófoba que alienta la violencia contra los migrantes en situación irregular y propuestas de leyes de inmigración que permiten a la policía elaborar perfiles de los migrantes con total impunidad. Durante las crisis económicas, vale la pena recordar que sectores enteros de la economía dependen de los trabajadores migrantes y que los empresarios migrantes contribuyen a la creación de empleo.

Cuando se formulan políticas en materia de migración sin atender a la vulnerabilidad, la marginación y la discriminación, millones de migrantes se convierten en mano de obra barata y prescindible, en los chivos expiatorios del fracaso de las políticas económicas y sociales, e incluso en víctimas de la mal definida guerra contra la «migración ilegal».

Con el aumento de la complejidad de la movilidad humana y la peligrosidad de los viajes que realizan muchos migrantes, resulta aún más apremiante idear políticas nacionales que se ocupen de la migración sobre la base de los principios de derechos humanos.

En el período previo al Diálogo de alto nivel, espero que los Estados Miembros aborden los derechos humanos como una cuestión esencial para la gobernanza de la migración; en el plano nacional, los aliento a que adopten medidas para despenalizar la migración irregular, establecer alternativas eficaces a la detención de los migrantes y garantizar que las funciones de los proveedores de servicios públicos, como enfermeras o profesores, se mantengan estrictamente separadas de las desempeñadas por las autoridades de inmigración. Asimismo, espero que los participantes examinen debidamente la cuestión de la migración en el contexto de la agenda mundial para el desarrollo después de 2015.

En este Día Internacional del Migrante, hago un llamamiento a los Estados para que ratifiquen y apliquen todos los instrumentos relacionados con esta cuestión. Por otra parte, aliento a todas las personas a que contribuyan a fomentar un debate fundamentado en principios, práctico y creativo sobre cómo podemos garantizar la protección de los derechos de todos los migrantes, dondequiera que se encuentren y sea cual sea su situación.

Ban Ki-Moon


diumenge, 9 de desembre de 2012

Entrevista a Tehmina Durrani per Esteban Hernández. El Mundo


El Mundo.
12/09/1994

ESTEBAN HERNANDEZ


MADRID.- «El islamismo es la religión del siglo XXI», afirma Tehmina Durrani, una mujer paquistaní que, con su libro El señor feudal, (Muchnik Editores) ha atraído las antipatías de gran parte de sus compatriotas.

La razón estriba en que propugna una relectura de El Corán, una reinterpretación del libro por el que se rige la religión musulmana. «Es cierto que El Corán dice que hay que cortarle la mano a aquél que roba pero también dice que la sociedad ha de procurar todas las condiciones que eviten la tentación de sustraer un bien ajeno. El islamismo se basa en la compasión, en la ayuda al prójimo, en el entendimiento, en el amor, conceptos que los clérigos y las clases más altas han olvidado porque quieren seguir esclavizando al pueblo».

Tehmina Durrani se casó a los veintiún años con Mustafá Jar, apodado «El León del Punjab», un político que llegaría a ser ministro bajo el mandato de Benazir Bhutto. Catorce años de matrimonio en los que Tehmina conoció el lado más oscuro del poder -su esposo pasó por el exilio y la cárcel- y también los maltratos físicos y psicológicos.
La historia que se narra en Mi señor feudal -palizas, adulterio, corrupción- parece extraída de un «culebrón» televisivo. Pero la peculiar inserción de la autora dentro de la sociedad paquistaní permite que el testimonio sobrepase el terreno de lo privado.

IGUALDAD DE LA MUJER.- Seguidora de los vaivenes políticos de su esposo, fiel ayudante de «El León del Punjab», Tehmina Durrani opta por rebelarse contra la injusticia social además de abogar por la igualdad de la mujer. En su libro se detiene tanto en la historia meramente personal como en el sendero de corruptelas y traiciones que se dan en su país natal.

Una postura que puede acarrearle serios problemas, más aún cuando Tehmina sigue viviendo en Pakistán. Aunque a ella no le preocupa. «Si quieren matarme, el problema será para ellos, puesto que mil voces saldrán de Pakistán y del extranjero, se unirán a esta lucha. Y si me dejan viva, seguiré abogando en los foros internacionales por que se reforme mi religión. En ambos casos, ellos salen perdiendo».

La escritora paquistaní no ha olvidado sus orígenes. Sus creencias religiosas se mantienen firmes, apoyándose en el texto sagrado del islamismo. «El problema -señala- es que El Corán está escrito en árabe, un idioma que muy poca gente en mi país conoce. Así se consigue que la distancia entre la gente y mi religión sea abismal. Y como El Corán sólo lo manejan los clérigos, ahondan más esa distancia».
Pero las instancias religiosas no son el único muro con el que topan los reformistas en el mundo árabe. «En casi todo el Islam, la riqueza está en manos de un 1% de la población. Una concentración de poder y dinero muy fuerte que mantiene a la gente esclavizada. La ignorancia es un medio para ese propósito, también la violencia y el terror».

«Los únicos que pagan -prosigue- por los delitos que se cometen son los pobres. Los ricos nunca van a la cárcel, hagan lo que hagan. Por ejemplo, las adúlteras están condenadas a prisión. Cuando dejé a mi marido estuve con un hombre casado, y nadie me acusó de nada por la familia a la que pertenezco».
Otra tesitura que se podría cambiar «aplicando El Corán tal y como está concebido. Una simple revisión del texto sagrado, retomando su espíritu, bastaría para cambiar el orden social impuesto en los países musulmanes».

OCCIDENTE.- Para sus propósitos, nada mejor, según la autora de Mi señor feudal, que exponer los problemas de su país y de las naciones árabes, en los foros internacionales. Tehmina Durrani ha vivido en París y Londres, -donde ya ha visto publicado su libro- antes de regresar a Pakistán porque desea proseguir la lucha por los derechos de la mujer musulmana «desde dentro. Está claro que tienes que hacer oír tu voz en los países occidentales, que son quienes más pueden presionar para que los países musulmanes salgan de su atraso, pero el impulso más importante tiene que salir de nuestro pueblo».
Estados Unidos y Europa tienen, según Tehmina Durrani, un papel prioritario. «Hasta ahora, las naciones occidentales han apoyado a esa pequeña parte de los árabes que se han convertido en los señores feudales de sus pueblos, a los oligarcas que mantienen tiranizada a la gente. Esa postura absurda consigue que los integrismos se propaguen. Y ha llegado la hora de que Estados Unidos y Europa decidan si quieren estar al lado del pueblo musulmán o si van a seguir manteniendo en el poder a gentes que no representan más que a sus propios intereses».

dimecres, 5 de desembre de 2012

Manu Kaur. El Periódico de Cataluña

GENTE CORRIENTE

Manu Kaur: «Con traje tradicional o con camiseta, yo soy la misma»
Atrapada entre la India y Catalunya. A los 18 años firma un trabajo de investigación sobre el choque entre su cultura familiar y la vida cotidiana.
Sábado, 13 de octubre del 2012. El Periódico de Cataluña.

Gemma Tramullas
Periodista
Cuando Manu entra en su casa de Badalona, es como si sus padres no hubieran abandonado hace 30 años su tierra natal de Punyab, en la India: con ellos habla punyabi, come pan chapati, ve películas de Bollywood y acude al templo sij los domingos. Pero cuando sale por la puerta, Manu es una adolescente catalana más. La palabra integración tapa el conflicto de identidad que sufren las jóvenes nacidas en Catalunya de padres de otras culturas muy tradicionales, un malestar que Manu ha canalizado a través de un exhaustivo trabajo de investigación de bachillerato titulado El mite i la realitat de les dones de l'Índia.


-¿Por qué eligió este tema?

-Tenía muchos porqués sin respuesta: ¿por qué si quiero hacer algo más que estar en casa y dedicarme a las tareas domésticas está mal visto?¿Por qué si saludo a un chico por la calle me miran como si hubiera hecho algo mal? ¿Por qué mis padres tienen que elegir a mi marido? Necesitaba investigar sobre mis orígenes para entenderlo.

-En la portada hay dos fotos suyas: una con el traje tradicional del Punyab y otra con camiseta sin tirantes.

-Hay gente que mira la foto del traje y piensa: «Esta es una buena chica». En cambio, miran la otra y piensan: «Esta chica no respeta su cultura». Pues no. Quería demostrar que, con traje tradicional o con camiseta, yo sigo siendo la misma. Llevar una camiseta ceñida no hace que sea otra persona ni que cambie mi pensamiento.

-¿De dónde viene la mirada crítica?

-En la India la hija simboliza el respeto a la casa. Si alguien dice algo malo de ella, esa casa estará mal vista. Cuando voy vestida para ir a alguna fiesta o si es un poco tarde por la noche, voy corriendo por la calle para que no me vea la gente que conoce a mis padres y me puedan criticar. No me gusta vivir con este miedo, pero no haré nada que pueda hacer daño a mi familia.

-¿Y eso sus amigas lo entienden?

-Mis mejores amigas son catalanas, Erika y Laia. Cuando ha habido problemas de salir o de chicos, siempre lo he comentado con ellas, lo han entendido y me han ayudado.

-¿Cómo?

-Dando su opinión, pero no con su pensamiento y sus tradiciones de Catalunya, sino como si fueran de la India, poniéndose en mi lugar. No me juzgan, me aceptan como soy y no me obligan a ser como ellas. Tengo suerte de tenerlas de amigas.

-Y que lo diga. Eso sí son amigas.

-Otros me dicen: «Ya tienes 18 años, no tienes por qué pedir permiso para salir; diles que te vas de fiesta y ya». Pero si hubieran vivido nuestras costumbres desde que nacieron no pensarían lo mismo. Hay quien cree que yo acepto todo lo que me imponen, pero este trabajo me ha servido para demostrar lo que pienso de verdad.


-Imagino los debates con su madre.

-Las madres de la India aman a sus hijas y hacen un esfuerzo para que no sean tan distintas de las chicas de aquí, pero hay cosas que son inamovibles.

-¿Por ejemplo?

-Jamás me dejarían casarme con alguien que no sea de la India y del Punyab y que no tenga nuestra religión.

-¿Y usted lo acepta?

-Sí, pero hay otras cosas que no. Por ejemplo, la tradición dice que cuando te casas tienes que ir a vivir a casa de tu marido y de tus suegros. «Tienes que aprender a cocinar, porque no quiero que la familia de tu marido me diga que no te he enseñado nada», dice mi madre. ¡Eso me da una rabia! Aprenderé a cocinar por mí; no pienso ir a trabajar a casa de no sé quién.

-Es como si viviera dos vidas.

-Estoy acostumbrada. Cambio de chip automáticamente según esté con mi familia o con mis amigas. Es verdad que son costumbres diferentes, pero a mí me gusta coger lo mejor de cada cultura.

-¿Qué es lo mejor de aquí?

-La manera que tiene la gente de relacionarse: no miran de dónde eres, sino cómo eres y cómo te comportas. Yo quiero que me conozcan no por mi origen o por mi casta, sino por lo que soy, por mis estudios y por mi trabajo.

dimecres, 28 de novembre de 2012

Cartel discriminatorio en Russafa Un local del barrio valenciano rechaza el alquiler a paquistaníes.


Cartel discriminatorio en Russafa

Un local del barrio valenciano rechaza el alquiler a paquistaníes

ALBERTO G. PALOMO Valencia 22 NOV 2012 - 20:05 CET




"No sé si es racista o ilegal, pero lo seguro es que es discriminatorio". Eso es lo que comenta Derek, un vecino del barrio valenciano de Russafa, ante un cartel colgado en un local en alquiler. "Este local no se alquila a pakistaní" pone escrito a ordenador en un folio plastificado atornillado a la pared con trozos de madera. Al lado, otro letrero muestra un número de teléfono y el nombre de la agencia junto a los datos del espacio, situado en la calle de Romeu de Corberá.
Esta señal que advierte de que los ciudadanos de esta nacionalidad no pueden alquilar el local lleva puesta pocos días. Según Alí, el dueño -paquistaní- de la peluquería contigua, el lugar está vacío desde primeros de este mes. Antes, dos chicos de ese país asiático montaron una frutería que les duró tres meses. En cuanto cerraron se colocó en la valla metálica un papel que decía lo mismo, pero lo arrancaron. "Ahora, con las maderas y en la parte superior de la puerta, es más difícil", explica este hombre asumiendo que él lo retiraría.
El gestor del local, Carlos Fuster, responde por teléfono que "alguien habrá pasado y lo habrá puesto". "Si te molesta lo quitas", alega malhumorado. ¿Él lo haría? "Si paso algún día y puedo...", contesta dudoso. "Está en la calle y se puede romper", se excusa. Este administrador confirma que el establecimiento lleva vacío desde primeros de mes y responde enfurecido que antes lo alquilaban "unos chinos". En otra conversación con un vecino, el administrador cambia la historia y da a entender que el letrero lo ha colgado supuestamente el dueño, con quien EL PAÍS no ha podido hablar, porque "no quieren" (en plural) gente de esa nacionalidad. "Es un previo aviso porque no se les va a alquilar. En esa calle hay muchos y es una pérdida de tiempo", afirma. "Como los que estuvieron no pagaron y se portaron mal, no queremos más", repite.
El dueño alega que los inquilinos que tuvieron de esta nacionalidad "se portaron mal" y no quieren más

Alí, que ha vivido la trayectoria del local muy de cerca, relata que cuando sus compatriotas (con quienes no tenía ningún trato anterior) alquilaron el recinto tuvieron que pagar 400 euros del primer mes y dos mensualidades más de fianza. En total, 1.200 euros. Lo pagaron inmediatamente. Él, que lleva nueve años en la ciudad, tenía que ayudarles habitualmente porque apenas hablaban español. Según cuenta el peluquero, el dueño tuvo que hacer reformas y ellos se quedaron sin poder trabajar. A cambio, el propietario presuntamente les prometió dos meses gratis. Las obras solo duraron un mes. Al volver a abrir la tienda, les requirió el dinero del mes.
Ellos no tenían cómo pagar y alegaron como aval los dos meses gratuitos que tenían o, como segunda opción, devolverle las llaves a cambio de la devolución de la fianza. Al final se quedaron dos meses (los que consideraban que les correspondían por la fianza) y se marcharon. "El dueño venía cada día y les pedía que pagaran", explica Alí. "También se acercaba de vez en cuando el de la inmobiliaria y les acusaba con muy malas palabras", confiesa. "O pagáis o a la puta calle" era una de ellas, cuenta ruborizado.
La inmobiliaria, Hogarvalencia, presume en su página web de abarcar todos los campos de gestión inmobiliaria y de expandirse gracias a su "profesionalidad y buenas prácticas". En el barrio, que cuenta con una población paquistaní numerosa, los propietarios de otros locales ignoran el letrero. Alí, que lo ve cada día, dice sentirse "ofendido" y lo califica, sin dudar, como "100% racista".