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dimarts, 12 de març del 2013

La suave batalla del velo | Wikidiari


La suave batalla del velo | Wikidiari


Un bon article sobre el vel de l'Anna Torres
La Dr. Huma Jamshed presidenta d'ACESOP i la Nabeela Khalid treballadora d'ACESOP expressen la seva opinió sobre el vel on també opinen altres dones.
Dones visibles.

dissabte, 5 de gener del 2013

India despierta


EDITORIAL

India despierta

La brutal violación de una joven produce una conmoción social que se extiende a otros países.

El terrible caso de Amanat ha conmocionado a la sociedad india como nunca antes lo había hecho una agresión sexual a una mujer. Amanat, seudónimo con el que la prensa ha bautizado a la víctima, fue violada y torturada con una barra de acero por seis hombres durante una hora. La joven murió el 29 de diciembre, tras dos semanas de agonía.
En un país en el que el desprecio a la mujer se traduce en uno de los niveles de acoso y agresiones sexuales más altos del mundo, se ha producido una auténtica rebelión social contra la tradicional pasividad e insensibilidad de la policía y de la casta política hacia estos crímenes. Las manifestaciones espontáneas, muy violentas algunas de ellas, se produjeron desde el día siguiente de la fatal agresión de Amanat en Nueva Delhi y se han extendido a todo el país. Los medios han reproducido con profusión de detalles no solo la brutalidad sufrida por Amanat, sino las agresiones de las que son objeto a diario miles de ciudadanas en una democracia, la más grande del mundo, a la que se acusa de ser incapaz de proteger a la mitad de su población. Los testimonios de mujeres desfiguradas por el ácido o violentadas que han sufrido, además, la vergüenza, la mofa y la inacción policial han alimentado esta ola de indignación que ha obligado a los poderes públicos a reaccionar. El juicio por el caso de Amanat contra cinco de sus violadores se ha abierto en un tiempo récord y estos se exponen a la horca por un delito que hasta ahora solía quedar impune. Es una conmoción social que ha traspasado las fronteras indias y que está ofreciendo un soplo de esperanza para las asiáticas, víctimas de una cultura misógina que deja en papel mojado la buena voluntad de las leyes. La vecina Pakistán, quizá contagiada por el movimiento indio, ha reaccionado airadamente contra la violación múltiple de una niña de nueve años.
Algo parece estar cambiando en esta amplia zona del continente asiático de enormes contrastes respecto a la situación de la mujer. La sociedad, amedrentada por fundamentalistas y agresores sexuales, ha venido aceptando las crueles normas que la reprimen. De ese cambio también da cuenta la forma en que ha defendido su propia familia a Malala Yousafzai, la niña paquistaní tiroteada por los talibanes por promover la educación femenina y a la que ayer dio el alta el hospital que la ha tratado desde octubre.

 El País 5/01/2013



diumenge, 9 de desembre del 2012

Entrevista a Tehmina Durrani per Esteban Hernández. El Mundo


El Mundo.
12/09/1994

ESTEBAN HERNANDEZ


MADRID.- «El islamismo es la religión del siglo XXI», afirma Tehmina Durrani, una mujer paquistaní que, con su libro El señor feudal, (Muchnik Editores) ha atraído las antipatías de gran parte de sus compatriotas.

La razón estriba en que propugna una relectura de El Corán, una reinterpretación del libro por el que se rige la religión musulmana. «Es cierto que El Corán dice que hay que cortarle la mano a aquél que roba pero también dice que la sociedad ha de procurar todas las condiciones que eviten la tentación de sustraer un bien ajeno. El islamismo se basa en la compasión, en la ayuda al prójimo, en el entendimiento, en el amor, conceptos que los clérigos y las clases más altas han olvidado porque quieren seguir esclavizando al pueblo».

Tehmina Durrani se casó a los veintiún años con Mustafá Jar, apodado «El León del Punjab», un político que llegaría a ser ministro bajo el mandato de Benazir Bhutto. Catorce años de matrimonio en los que Tehmina conoció el lado más oscuro del poder -su esposo pasó por el exilio y la cárcel- y también los maltratos físicos y psicológicos.
La historia que se narra en Mi señor feudal -palizas, adulterio, corrupción- parece extraída de un «culebrón» televisivo. Pero la peculiar inserción de la autora dentro de la sociedad paquistaní permite que el testimonio sobrepase el terreno de lo privado.

IGUALDAD DE LA MUJER.- Seguidora de los vaivenes políticos de su esposo, fiel ayudante de «El León del Punjab», Tehmina Durrani opta por rebelarse contra la injusticia social además de abogar por la igualdad de la mujer. En su libro se detiene tanto en la historia meramente personal como en el sendero de corruptelas y traiciones que se dan en su país natal.

Una postura que puede acarrearle serios problemas, más aún cuando Tehmina sigue viviendo en Pakistán. Aunque a ella no le preocupa. «Si quieren matarme, el problema será para ellos, puesto que mil voces saldrán de Pakistán y del extranjero, se unirán a esta lucha. Y si me dejan viva, seguiré abogando en los foros internacionales por que se reforme mi religión. En ambos casos, ellos salen perdiendo».

La escritora paquistaní no ha olvidado sus orígenes. Sus creencias religiosas se mantienen firmes, apoyándose en el texto sagrado del islamismo. «El problema -señala- es que El Corán está escrito en árabe, un idioma que muy poca gente en mi país conoce. Así se consigue que la distancia entre la gente y mi religión sea abismal. Y como El Corán sólo lo manejan los clérigos, ahondan más esa distancia».
Pero las instancias religiosas no son el único muro con el que topan los reformistas en el mundo árabe. «En casi todo el Islam, la riqueza está en manos de un 1% de la población. Una concentración de poder y dinero muy fuerte que mantiene a la gente esclavizada. La ignorancia es un medio para ese propósito, también la violencia y el terror».

«Los únicos que pagan -prosigue- por los delitos que se cometen son los pobres. Los ricos nunca van a la cárcel, hagan lo que hagan. Por ejemplo, las adúlteras están condenadas a prisión. Cuando dejé a mi marido estuve con un hombre casado, y nadie me acusó de nada por la familia a la que pertenezco».
Otra tesitura que se podría cambiar «aplicando El Corán tal y como está concebido. Una simple revisión del texto sagrado, retomando su espíritu, bastaría para cambiar el orden social impuesto en los países musulmanes».

OCCIDENTE.- Para sus propósitos, nada mejor, según la autora de Mi señor feudal, que exponer los problemas de su país y de las naciones árabes, en los foros internacionales. Tehmina Durrani ha vivido en París y Londres, -donde ya ha visto publicado su libro- antes de regresar a Pakistán porque desea proseguir la lucha por los derechos de la mujer musulmana «desde dentro. Está claro que tienes que hacer oír tu voz en los países occidentales, que son quienes más pueden presionar para que los países musulmanes salgan de su atraso, pero el impulso más importante tiene que salir de nuestro pueblo».
Estados Unidos y Europa tienen, según Tehmina Durrani, un papel prioritario. «Hasta ahora, las naciones occidentales han apoyado a esa pequeña parte de los árabes que se han convertido en los señores feudales de sus pueblos, a los oligarcas que mantienen tiranizada a la gente. Esa postura absurda consigue que los integrismos se propaguen. Y ha llegado la hora de que Estados Unidos y Europa decidan si quieren estar al lado del pueblo musulmán o si van a seguir manteniendo en el poder a gentes que no representan más que a sus propios intereses».

divendres, 9 de novembre del 2012

dimecres, 7 de novembre del 2012

Mujeres pakistaníes de Barcelona se sienten atacadas por haber bailado en un acto público. La Vanguardia




Mujeres pakistaníes de Barcelona se sienten atacadas por haber bailado en un acto público

MARINA MESEGUER

"Me gusta vivir en Barcelona porque aquí tengo libertad, pero a veces me dan ganas de dejarlo todo, estoy cansada". Huma Jamshed observa con tristeza un vídeo de Youtube, la razón de su cansacio. El pasado 22 de octubre alguien la grabó a ella y a sus amigas de la asociación ACESOP (Associació Cultural Educativa Social i Operativa de Dones Pakistaneses) mientras bailaban en el Port Olímpic en un acto organizado por el Ayuntamiento de Barcelona. Desde entonces, según ella, se cuestiona su reputación desde influyentes círculos de la comunidad pakistaní de Barcelona.
"En Pakistán las niñas bailan la danza del pavo y pensé que sería bonito enseñar nuestro baile a la gente de aquí", cuenta Huma. El baile del que habla es una particular coreografía en la que las mujeres bailan en parejas agarrando largos pañuelos de colores que finalmente enrollan en torno a una bailarina y que, al estirarlos, simulan la cola extendida de un pavo real. "Antes del baile -cuenta Huma- le pedí al fotógrafo de un periódico pakistaní que no nos hiciera fotos, para evitar problemas, pero no sabíamos que alguien, desde lejos, nos grababa con su móvil".

El vídeo, en el que se observa cómo las mujeres se mueven al ritmo de la música, acabó colgado en Youtube, en el canal de un periódico pakistaní local, el Daily Dost. "No sólo lo colgaron en internet, sino que mandaron el enlace a todos sus contactos", se queja la presidenta de ACESOP. Además, según Huma, dicho periódico puso en duda la honorabilidad de las mujeres que participaron en la danza y acusó a la asociación de recibir subvenciones del Gobierno por bailar.
Huma está encendida: "He recibido llamadas de todo tipo. Algunos me apoyan, pero otros me preguntan ¿por qué lo hiciste?". "Ellos quieren que yo me calle, pero no lo van a conseguir". Y es que esta mujer lleva años enfrentándose al machismo que impera en gran parte de la sociedad pakistaní de Barcelona.

Pero, ¿Quién son “ellos”? La presidenta de ACESOP afirma que detrás de estas acusaciones están Abdul Hafiz Razzaq, hombre relacionado con la cúpula de la mezquita Camí de la Pau y militante -como ella- del PSC, y el fotógrafo del Daily Dost Qamar Ehssan. "No puedo entender como alguien de mi propio partido me hace algo así", lamenta. En conversación con LaVanguardia.com, el señor Razzaq se desvinculó de la grabación y negó tener nada en contra de su compañera en el colectivo socialista Nou Bressol. Por otro lado, el señor Ehssan se negó a hacer comentarios.
“Que Huma baile no sorprende a nadie, no es la primera vez que lo hace”, afirma el vicepresidente de la mezquita pakistaní Camí de la Pau, Mohamed Iqbal. “Ella sabrá lo que hace”, insiste. Iqbal acusa a la presidenta de ACESOP de hacerse la “mártir” y niega que existan “radicales” entre la comunidad.

Lo cierto es que lo que dice el texto escrito en urdú es tan aséptico que cuesta encontrar la doble intención: “El día de los Emigrantes la asociación ACESOP, organización financiada por el Gobierno, representó un baile”. Parece inocuo, pero la alusión a la financiación junto al vídeo publicado hace pensar en intereses más maliciosos de lo que en un principio parecería. Llama la atención que un canal de vídeos de Youtube en el que mayoritariamente hay grabaciones de cierta calidad, alguien decidiera colgar una grabación, hecha con un móvil y captada desde lejos, de unas mujeres bailando. ¿Por qué colgaron ese vídeo? ¿Y porqué ese interés en que lo vieran cuantos más pakistaníes mejor? Al no haber podido hablar con el señor Ehsan, sólo cabe especular.

“No me van a detener; he decidido que en la próxima fiesta no sólo vamos a representar un baile ¡Vamos a representar tres! Y además, voy a invitar a las mujeres de la mezquita y de otras asociaciones. Como mujeres deben solidarizarse con nosotras”, dispara la presidenta de ACESOP.

Huma tiene un ferviente defensor, su marido, Jamshed Iqbal: "Yo apoyo a mi mujer en todo lo que hace. Creo que es muy importante para las mujeres pakistaníes y, además, me gusta que promuevan nuestra cultura aquí". Jamshed ha escrito una carta al periódico defendiendo la actuación de su mujer y exigiendo que retiren las difamaciones que, según ellos, se han dicho sobre ella y las demás mujeres. De momento no ha obtenido respuesta.

Cuestionar la honorabilidad de una mujer es muy importante en la comunidad pakistaní. Una mujer sin honra no merece ningún respeto; es apartada y marginada por el grupo. Es por eso que Huma Jamshed se preocupa tanto por las presuntas acusaciones vertidas contra ella y su colectivo. Si ACESOP llegara a perder el respeto de los pakistaníes, cientos de mujeres residentes en Barcelona se quedarían sin uno de los pocos espacios donde pueden reunirse con sus amigas, conocer la cultura catalana y el entorno en el que viven o, más importante todavía, pedir socorro ante un marido maltratador. Antes de este incidente, ya era habitual que muchos padres o maridos no permitan a sus mujeres participar en las actividades de la asociación: “Cuando conozco a pakistaníes en el hospital siempre les animo a llevar a sus mujeres a la asociación -explica Fariza Habib, miembro de ACESOP y mediadora intercultural en el Hospital del Mar-, pero cuando les explico que se trata de ACESOP les cambia el gesto y solo unos pocos acaban trayéndolas”. Sin duda, este conflicto no ayudará en nada al eslabón más débil del colectivo pakistaní, sus invisibles mujeres.



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