dimarts, 16 de juny de 2009

'Peligrosa Libertad', entrevista a Huma Jamshed a la revista 'Carrer'

Dim, 16/06/2009
La revista Carrer, de la fundació La Roda, va realitzar una entrevista amb la presidenta d'ACESOP, Huma Jamshed, on explica el perquè de la seva lluita en favor de la integració de les dones pakistaneses a la societat catalana.
Aquí podeu trobar la transcripció de l'entrevista realitzada pel periodista Jesús Martínez Fernández:

Peligrosa libertad
 Jesús Martínez Fernández
—No hagas eso, no está bien. Murmuran, dicen cosas, hablan, chismorrean. Comentan, cuando me acerco, cambian de tema…

—Has de confiar en mí, no hacemos nada malo. Ayudo a estas mujeres, no les puedo dejar solas. He de estar con ellas. Me necesitan.

—No quiero que vuelvas, pones en peligro el honor de esta familia. ¿Y qué pasará con el negocio? Podemos perder clientela.

Huma Jamshed (Karachi, “una ciudad con su propia ETA”, Pakistán, 1966) mantenía conversaciones de la Era Paleozoica con su marido Jamshed Iqbal, cuando los simios se regodeaban en la sumisión de sus hembras, aptas para procrear y servir. Huma es la presidenta de la Associació Cultural Educativa i Social Operativa de Dones Paquistaneses (ACESOP; Carme, 34, principal), fundada en 2005 para darle una patada en los cojones al machismo que la agarra de los brazos para que se esté quieta y calle: “Soy peligrosa porque no me pueden controlar. Para ellos, la libertad es peligrosa”.

De rasgos angulosos, altivez morena y pestañas de celofán, con un cruce de atuendo entre hojaldres de abalorios y vestidos Venca, con estampados florales, hileras de botones metálicos con presillas y mangas raglán
.
De esos diálogos del absurdo, tan sorprendentes que hoy nos parecerían sacados de los textos radiofónicos de Groucho&Chico Abogados, los ha tenido desde muy jovencita, cuando le comunicó a su padre su irremediable obstinación, tan férrea como los aparejos de los alazanes que arrean con los armones de artillería.

—No me gusta que estudies, tu sitio está en casa, no me parece bien que una mujer haga cosas que no le son propias.

A Huma se le atragantó tanto ese no, que del adverbio hizo una bola y la tiró a la papelera. Siempre le gustaron los laboratorios de matraces, tubos de ensayo y pipetas para experimentos moleculares de equilibrado peso atómico. Se licenció en Química en la Universidad Politécnica de Karachi, en la que posteriormente impartió clases durante casi 10 años. “Cuando joven, muchos sueños. Hice pilas de combustible para montar fábricas, pero…”

En 1997 se fue a vivir a Madrid, tras los pasos de su marido Jamshed, auditor de Pakistán Internacional Airlines, de la que era director financiero en la sucursal que la compañía tiene en la capital de España.
—No sigas con tu trabajo, vente.

Otros, ajenos a su entorno familiar, la amenazaron por su actividad docente. Las mujeres no estudian.

—Ten cuidado. Como no te vayas de aquí...

“Me sentí muy desgraciada. Allá tenía cierto prestigio. Me respetaban. Era profesora del tribunal de selectividad de los alumnos. En España no tenía amigos, llegué sin una palabra del idioma, empecé de cero, y me traje a mis dos hijos, Omar y Fátima, de tres y cinco años, respectivamente. Y tuve que dejar mis estudios de Química, pero ¿sabes?, nunca los he dejado del todo”, se recompone Huma, que marca el ritmo de sus frases con gestos rápidos y precisos, como si trinchara la carne de cordero. “Aunque no ejerza profesionalmente, los procedimientos los utilizo en mi vida diaria. Pienso que los químicos podrían ser personas con bien conocimiento. Cada cosa en el mundo tiene composición que sólo puede tener un químico. Un químico puede ser mejor humanitario, mejor amigo, mejor criminal… Cuando se estropea cualquier máquina, yo puedo arreglar fácilmente porque utilizo mi química.”
Huma Jamshed, circunspecta cuando enarca las cejas con una mirada que dice “que te como” y otra que te acurruca, es más fuerte, muchísimo más fuerte, que Mike Tyson: “Mi manera de pensar es amplia, y tomo riesgos, sé valorar cosas”.

En Madrid, no quería arrellanarse en el sofá y convertirse en la secretaria eficiente de sus rosales sin luz. Una hora al dia, el propietario del piso que había alquilado le daba clases de castellano, por las que pagaba 40.000 pesetas al mes. Después de muchas pesetas “y hacer esfuerzo”, pensó en sacarse la tesis de Química, su espinita:

—¡Es el teléfono de información? ¿Me podría decir cuál universidad más grande en Madrid?

—Complutense.

Aceptada en el Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Complutense de Madrid, inició los estudios de tercer ciclo, que le ocuparon los cuatro años siguientes, entre los grupos de catálisis, sistemas multifásicos industriales y gasificación avanzada en lechos fluidizados. “Con las fórmulas no se necesita idioma, es universal.” Durante los cuatro primeros meses, sólo vio una vez a su director de tesis, y pensó: “Director muy ocupado. Otros necesitarán más ayuda que yo”.

El 20 de diciembre de 2001, Huma Jamshed leyó su tesis, titulada: “Desarrollo y síntesis de membranas poliméricas conductor protónica a temperatura ambiente”, algo así como las relaciones pecaminosas entre el oxígeno y el hidrógeno. Sobresaliente cum laude.

—Deja tus estudios, vamos a Barcelona.

En 2001, la compañía para la que trabajaba su marido abrió una sede en la Rambla de Sant Josep de Barcelona, Huma Travels, y ella le siguió como está mandado en su cultura.
“Estaba muy triste. En Madrid ya tenía amigos del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas). Aquí no conocía nada, ni el catalán. Entonces, hice esfuerzo”, se satisface. 
Se capficó en la maraña asociativa de la ciudad. En 2005 fundó ACESOP: “El objetivo es la integración en Catalunya de la sociedad pakistaní”.

El piso de su propiedad que alberga a la asociación (“Dios me ha dado todo esto”), en el Raval, en una de esos inmuebles laberínticos en los que es posible jugar a fútbol en el pasillo, es el feudo de las mujeres, de cualquier edad y de cualquier convicción, aunque en su cultura, las mujeres no han de pensar.

“Aquí no entran hombres, está prohibido. Mi marido me permite la asociación. Bueno, tampoco le pido permiso. A él le piden: ‘Oye, controla tu esposa, y a mí me dice que vaya con cuidado’, pero me permite”, expone, como recién salida de una caverna lóbrega en un desolado paraje que no tiene nada que ver con la democracia. “Yo, lo que digo, si vivimos en España y en España, democracia, aprovechemos su libertad. En Pakistán no podría haberlo hecho.”

En ACESOP, dos banderas, la catalana y la de Pakistán, con su verde bético, se dan la mano entre yogures y fotografías de congresos. En la cocina, en la que se prepara el té, se ha instalado la peluquería, con fotos de Sehr Mahmood, Miss Pakistán 2006 colgadas en el vasar, en la que se hace la manicura y la pedicura y otras curas de L’Oreal. En la habitación paredaña, el taller de costura, con la versión de una Singer al lado de una tabla de planchar. En el ala oeste, una cuartito en el que se dan clases de urdú: “Enseñamos a las novias de fuera de nuestros chicos, rumanas, bolivianas, etc., para que sepas algo de nuestro país”. Con dos ordenadores un crío de 15 años les ayuda a comprender el software y la vorágine de páginas web: “Le tenemos mucho de respeto, es el profesor”.

Y al fondo de todo de la casa, la sala de reuniones, con revistas de moda y de los Jonas Brothers, en las que, de manera solapada, y con la excusa del tema de la sanidad pública, se trata la salud sexual. “Nosotras no hacemos daño a nadie, no hacemos nada malo, nuestros marido saben dónde estamos, pero no les gusta nuestra libertad. Aquí han venido muchos pakistaníes fundamentalistas, radicales, talibanes”, expone en la mansarda de su desesperación, lubricando su lamento, una Huma que lucha contra su propia depresión cada vez que tiene que ir a convencer a un hombre para que deje a su esposa participar en las actividades de ACESOP.

“Hacemos pases de modelo, con trajes hechos por nosotras, pero en Pakistán dicen que sólo las putas hacen esto. Allí es un país pobre, y las mujeres siempre encerradas. El hombre manda, es líder de casa, y la mujer está para obedecer, no puede mantener su individualidad.” Y contra ese no, Huma “va contra río”. Otro no de sus maridos que la asquea, la ensucia, la altera: “También participamos en Carnaval, una fiesta prohibida allí. Yo me disfracé de pajarito”.

En ACESOP, la única entidad en España de mujeres pakistaníes, hay más de 300 personas inscritas, de todas las edades, que no pagan ninguna cuota, porque bastante cuesta asistir. Huma es un ángel caído del cielo de huríes. “Yo les pago billete de metro y les doy galletas y bizcocho”. Y les pone deberes, redacciones del estilo “¿Cómo has pasado el día de ayer?”.

“¿Tú sabes? Llevo unos días sin ánimo, ¿sabes? Voy a un juicio esta semana a apoyar a una mujer violada por su padre. Hay mucho maltrato, muchas mujeres que reciben palizas. Les pegan sus maridos, azuzados por sus madres, por interés: quieren seguir la tradición. La mayoría de adolescentes se casan forzadas con primos que no conocen, que viven allá, pero muchas ya no quieren seguir sometidas y se rebelan, y les pegan. Y todo mi esfuerzo a la mierda”, se mortifica, purgada por las elucubraciones de sus frases con mecha. “Una chica se ha escapado de casa. Salía de fiesta y le pegaban. Ha venido a verme. Primero fue al Hospital del Mar, el único sitio que conocía. Yo debería avisar a su padre, no sé qué hacer. Mi marido me habla que su negocio se puede afectar, que no me meta”.

Entre mujeres, Huma 

Pero yo pongo esfuerzos: hay que hacer, hay que hacer, hay que hacer… La evolución dicen que es 50 años. Yo digo ‘ahora’”.

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